La vibración inefable y total delante del ser

En la lección de Julián Carrón “Vivir siempre intensamente lo real” se habla del asombro que hace vibrar la persona delante del ser de las cosas, hasta de las mínimas, que establece el alcance de la estatura humana de cada uno. El primer movimiento del hombre delante de la vida, de lo real, no es algo que hacer, sino reconocer, acoger a lo real como don. Me ha venido a la mente un texto de Cesare Pavese que expresa esta vibración de asombro, con una profundidad dramática extraordinaria. Dice Esiodo: “difícil no es entender estas cosas, sino tocarlas”. Es lo que ha sucedido con Cristo: se ha hecho posible “tocar” la verdad, vive al altura del deseo infinito del hombre.

Propongo una parte de lo dicho por Carrón y el texto de Pavese.

-Ésta es “la anorexia de lo humano” que está en el origen de la confusión, del desconcierto, de la incertidumbre en que a menudo nos encontramos viviendo en estos tiempos, en que nos vemos fluctuar, arrastrados como una piedra, llevados por las opiniones, los estados de ánimo, sin poder aferrarnos a algo real presente, sin podernos interesar verdaderamente por algo. Esta anorexia no se resuelve aumentando los discursos, sino educando la razón a abrirse al “lenguaje del ser”.

Qué significa esta apertura al ser lo documenta bien un episodio de la vida de don Giussani, que siempre me ha llamado la atención. Escribiendo a Angelo Majo, dice aquello que ve en quien le es amigo: «Hace algunas noches, pensando – escribe – he descubierto que el único amigo mío eres tú». ¿Y por qué lo considera amigo? «Porque esa vibración inefable y total de mi ser delante de las cosas o de las personas no logro captarla sino en tu modo de reaccionar.” Entre las tantas cosas a las que podía mirar para identificar quién era su amigo ¿cuál indica? Una vez más nos desconcierta: no una inteligencia particular, no una capacidad de dominar su pensamiento, no una admirable coherencia ética, sino la vibración inefable y total delante del Ser, que el descubre en el modo de reaccionar del amigo. Entonces se entiende por qué la raíz de la cuestión es que nosotros – como nos dice él – hacemos fatiga, no estamos acostumbrados a mirar como presencia una hoja presente, no estamos acostumbrados a reconocer, a fijar como presencia las cosas presentes. No es que uno niegue la presencia de las cosas. Simplemente la da por descontado. Esto se ve en el hecho que no existe ni siquiera un momento de asombro. No que hayamos hecho algo mal, simplemente no hemos sorprendido al Ser vibrando en nosotros. Todos sabemos hasta que punto puede llegar a ser insoportable la vida cuando se vuelve tan pobre de asombro. Se entiende entonces, la urgencia de que nos acostumbremos a fijar como presencia a las cosas presentes, de manera que podamos ver vibrar nuestro yo, cualquiera que sea la circunstancia.-

Diálogos con Leucó