La Edad Media: El bien de todos

En los frescos del Palacio Público de Siena (Italia) realizados en 1338 por Ambrosio Lorenzetti para ilustrar los efectos del Buen Gobierno y del Mal Gobierno, tenemos un testimonio significativo de la religiosidad medieval, que se expresaba en todos los aspectos de la vida, que tenían su fundamento en Dios. Dos textos de Mariella Carlotti y Bernhard Scholz ayudan a entender el valor de esta visión de la política y del bien común, y  aquí se pueden ver las imágenes de las pinturas.

El bien de todos Mariella Carlotti

Bernard Scholz Bien de todos 2012

La Edad Media: las Catedrales

En cada ciudad, en la plaza principal, la gente del pueblo, con sus ahorros y con su trabajo, construía, en los siglos de la Edad Media, la Catedral, iglesia del Obispo y símbolo de la unidad de la ciudad en la fe cristiana.

En dicha obra de construcción, que duró en muchos caso siglos, se ponía todo el conocimiento y la habilidad para realizar algo extraordinariamente hermoso.

El edificio de piedra debía de ser la imagen de la belleza divina, cuyas puertas estaban abiertas a todo el pueblo cristiano.

 

1. La presentación que sigue muestra en primer lugar el “universo simbólico” que subyace a la forma y la belleza de las catedrales medievales, y despúes de esto recorre virtualmente la Catedral de Toledo, centro de la cristiandad española en el tiempo de la llegada de Pizarro a Perú.

La Edad de las Catedrales

 

2. El siguiente enlace remite a un video que resume algunos elementos importantes para comprender qué son las catedrales, con especial referencia a las catedrales españolas:

LAS CATEDRALES GÓTICAS

 

3. Sigue un interesante artículo sobre la construcción de una de las catedrales más grandes y hermosas de Europa: el “Duomo” de Milán.

Una investigadora de hoy ha reconstruido, en base a los archivos de la época de la construcción, quiénes fueron los que financiaron los enormes gastos de la construcción que duró algunos siglos.

La Catedral de Milán

La Edad Media: la Música

No es algo común, para nosotros hombres del siglo XXI imaginar una época en que los reyes dedicaban canciones a la mujer más bella del mundo y se declaraban dispuestos a perderlo todo por ella, descubriendo después que se trataba de la Virgen María.

En los siglos XI-XII-XIII, en la Europa medieval, se vivía una unidad intensa de la vida en la certeza de que todo forma una unidad en la vida, alrededor del centro ideal que es Dios.

Los cantos que se pueden escuchar en los siguientes enlaces, con traducciones y breves explicaciones son una documentación de esto.

Himno de los centinelas de Asís: El texto comentado y  la canción en mp3.

Chanson de mai: El texto comentado y la canción en mp3

Rosa das rosas: El texto comentado y la canción en mp3

La Edad Media: el hombre y el trabajo

La característica más evidente de la Edad Media es la comprensión de que no se puede vivir ni un instante si no se tiene conciencia del significado que tiene, de su relación con todos los factores de la vida. Para el hombre medieval vivir la fe cristiana no era una devoción sentimental, sino el descubrimiento de la conexión de cada detalle de la vida con todos los demás en la referencia a Dios vivida y pensada.

Los bajorrelieves de Andrés Pisano, artista del siglo XIV que trabajó mucho en Florencia, que componen el ciclo de esculturas sobre el trabajo del hombre, son un ejemplo interesante de esta mentalidad que vivía la vida en unidad.

Son esculturas que se encuentran en la Torre Campanaria (el “Campanile di Giotto“) de la Catedral de Florencia.

Aquí puedes encontrar las imágenes de la exposición realizada en clase y el texto de los paneles con los comentarios al ciclo de esculturas.

El hombre y el trabajo Andrea Pisano

El hombre y el trabajo Andrea Pisano texto

El siguiente documento es la transcripción de una conferencia sobre este tema con la intervención de la curadora de varias muestras y libros sobre este conjunto de esculturas, Mariella Carlotti

Trabajo y bien común: el renacimiento del deseo

De este ciclo de bajorrelieves sobre el trabajo forma parte también la escultura que es el “logo” gráfico de la “Universidad Católica Sedes Sapientiae“:

Fue añadido, con otros cuatro bajorrelieves, más de cien años después de la realización del ciclo de esculturas por Andrés Pisano.

Su autor es un gran escultor del siglo XV: Luca Della Robbia y la imagen representa la Filosofía.

Los dos que discuten son, según la interpretación más acreditada,  Aristóteles, que representa a la lógica y Platón, que representa  a la dialéctica, o sea las formas de pensar que aportan al conocimiento filosófico.

También una pequeña piedra tiene un propósito

De la película “La estrada” de Federico Fellini aqui se ofrece:

1. El enlace a la película completa en You Tube: LA STRADA

2. El enlace el diálogo centrale entre Gelsomina y el Loco

3. Una ficha técnico-crítica

4.  La transcripción del diálogo central entre Gelsomina y el Loco, publicado hace muchos años en una revista que he encontrado en internet. Diálogo de Gelsomina y el Loco – Página 12 de la revista “Inquietud” año 1955 8-1

Ulises: el hombre sediento de infinito.

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“El mito de la antigüedad que  está más cerca  de la mentalidad de hoy, y que  iba a encontrar su expresión más potente  en suelo cristiano, es el mito de Ulises.  En Dante Alighieri  ha encontrado su fuerza  expresiva como en ningún otro autor,  en ninguna otra versión  de la literatura antigua. Ulises  es el hombre  inteligente que  quiere medir  con su propia genialidad todas las cosas.  Tiene una curiosidad incontenible: él  es  el  dominador del  Mar  Mediterráneo. Imaginemos a  este hombre  con todos los marineros que  van en su barco  de Ítaca a Libia,  de  Libia  a Sicilia,  de  Sicilia  a Cerdeña, de  Cerdeña a las Baleares: ha medido y controlado todo el Mare Nostrum; lo ha recorrido todo  él a lo largo  y a lo ancho. El hombre, Ulises,  es medida de todas  las cosas.  Pero, cuando llega  a las columnas de Hércules, se encuentra con la convicción común  de que  la sabi- duría,  es decir,  la medida segura de todo lo real,  ya  no es posible.  Más allá  de  las  columnas de  Hércules no hay  nada  seguro, sólo el vacío  y la locura. Al igual  que  quien  iba más allá de éstas era  un fantasioso que  no tenía  ya  certeza  alguna, hoy  se piensa que más allá de lo experimentable, entendido esto en sentido positivista, sólo  hay  fantasía  o, en cualquier caso,  imposibilidad de  tener  seguridad. Pero  él,  Ulises,  precisamente a causa  de  la «altura» con que  había  recorrido el «mare nostrum», al llegar  a las columnas de Hércules sintió  que  aquello no era  el fin, que  más bien  era  como  si su verdadera naturaleza se desplegara a partir de aquel momento. Y entonces quebrantó la sabiduría y se marchó. No se equivocó porque fuera más allá:  ir más allá estaba  en su naturaleza humana, pues,  al decidirlo, es cuando se sintió verdaderamente  hombre. Ésta  es  precisamente la  lucha   entre   lo humano —es  decir,  el  sentido  religioso— y  lo  inhumano —es decir,  la  postura   positivista de  toda  la  mentalidad moderna—. Ésta última  diría:  «Hijo mío, lo único  seguro es lo que  tú puedes constatar  y  medir  científicamente, experimentalmente;  más  allá de esto sólo hay  fantasía  inútil,  locura, afirmación quimérica». Pero más allá de este «mare nostrum» que podemos poseer, controlar  y medir,  ¿qué es lo que  hay? El océano del significado. Uno comienza a sentirse  hombre  cuando traspasa estas columnas de  Hércules, cuando supera ese  límite  extremo que  impone la falsa  sabiduría, con  su  seguridad opresiva, y  se  interna   en  el enigma del significado. La realidad, en su impacto  con el corazón humano,  produce  la  misma   dinámica  que   las   columnas  de Hércules produjeron en el corazón  de Ulises  y de sus compañeros, con los rostros tensos  por el deseo  de alcanzar otra cosa distinta.  Para aquellos rostros  ansiosos y aquellos corazones llenos de pasión, las columnas de Hércules no representaban un límite, sino  una  invitación, un signo,  algo  que  invitaba a ir más allá  de sí mismo.  Ulises  y sus compañeros de  navegación en la Odisea no se equivocaron por ir más allá.”

Luigi Giussani, El sentido religioso, pp. 192-194

Aquí puedes leer el texto traducido de la Divina Comedia, Infierno, Canto XXVI.

Dante Alighieri Ulises

La casa del cazador

He aquí la alternativa en que el hombre casi insensiblemente se la juega: o caminas por la realidad abierto a ella de par en par, con los ojos asombrados de un niño, lealmente, llamando al pan, pan, y al vino, vino, y abrazas entonces toda su presencia acogiendo también su sentido; o te pones ante la realidad en una actitud defensiva, con el brazo delante del rostro para evitar golpes desagradables o inesperados, llamando a la realidad ante el tribunal de tu parecer, y entonces sólo buscas y admites de ella lo que está en consonancia contigo, estás potencialmente lleno de objeciones contra ella, y demasiado resabiado como para aceptar sus evidencias y sugerencias más gratuitas y sorprendentes. Esta es la opción profunda que nosotros realizamos cotidianamente ante la lluvia y el sol, ante nuestro padre y nuestra madre, ante la bandeja del desayuno, ante el autobús y la gente que hay en él, ante los compañeros de trabajo, los textos de clase, los profesores, el amigo, la amiga… Esta decisión que he descrito la tomamos de hecho ante toda la realidad, ante cualquier cosa.


Un cuento como ejemplo referido a los temas del capítulo XII de “El sentido religioso” La aventura de la interpretación.

La casa del cazador

Giovanni Paccosi