Las religiones: Julián Carrón y el Budismo Japonés

Julián Carrón en estos días de fines de Octubre de 2011 habría tenido que hablar en Japón en un encuentro de diálogo entre católicos y budistas con el título: “Tradición y modernidad: cristianismo y budismo frente al desafío de la globalización”.

Pero el Papa lo invitó a participar en el encuentro de Asís.

Por eso envió un mensaje al Embajador de Italia en Japón que expresa una visión auténticamente novedosa del diálogo entre hombres religiosos.

Se puede leer en este enlace.

La Edad Media: los monjes Benedictinos

Grupos de hombres en todas partes de Europa dejaban sus casas y familias, ricos y pobres, nobles y paisanos, para entrar a los Monasterios y vivir en castidad, pobreza y obediencia, en el trabajo intelectual y material y en la oración. Nacía alrededor de ellos la civilización occidental.

Los documentos siguientes son una muestra de esta realidad que vige hasta hoy y que en los siglos XI-XII-XIII fue el corazón del mundo.

1. En primer lugar una pagína web en la que se pueden ver y leer los paneles de la exposición “CON NUESTRAS MANOS PERO CON TU FUERZA”

2. Dos textos sobre la vida concreta de los monjes (en la actualidad):

Los monjes benedictinos- una tradición viviente

Los Monjes benedictinos- quiénes son, qué hacen y por qué

3. Una presentación sobre la historia del monaquismo (Se ve en casi todos los programas de lectura de video, sólo esperar que la descarga se complete. Si alguien no logra ver puede descargar, siguiendo este enlace, Quicktime)

Quaerere Deum – Los Monjes benedictinos

4. Aquí se puede leer el discurso de Benedicto XVI citado en la presentación:

DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI EN EL ENCUENTRO CON EL MUNDO DE LA CULTURA EN EL COLLÈGE DES BERNARDINS, París, Viernes 12 de septiembre de 2008

5. Seguidamente el texto que concluye la presentación, de Thomas Merton, famoso escritor que se hizo monje y en el libro “La montaña de los siete circulos”, bestseller mundial, describió su itinerario hacia el cristianismo y cómo se hizo monje.

Todo es tranquilo

6. Último recurso, un poco largo pero bien interesante, es el texto de una exposición, “Sobre hombros de gigantes“, realizada en el 2005 en el Meeting para la amistad entre los pueblos, sobre la contribución de las investigaciones medievales al surgir de la ciencia moderna. Como sabemos la ciencia, como método de investigación codificado, nace a inicios del siglo XVII con Galileo Galilei, pero sería imposible entender el desarrollo técnico-científico de occidente sin el aporte de los investigadores medievales, entre los cuales el aporte mayor viene de los monjes benedictinos.


La vibración inefable y total delante del ser

En la lección de Julián Carrón “Vivir siempre intensamente lo real” se habla del asombro que hace vibrar la persona delante del ser de las cosas, hasta de las mínimas, que establece el alcance de la estatura humana de cada uno. El primer movimiento del hombre delante de la vida, de lo real, no es algo que hacer, sino reconocer, acoger a lo real como don. Me ha venido a la mente un texto de Cesare Pavese que expresa esta vibración de asombro, con una profundidad dramática extraordinaria. Dice Esiodo: “difícil no es entender estas cosas, sino tocarlas”. Es lo que ha sucedido con Cristo: se ha hecho posible “tocar” la verdad, vive al altura del deseo infinito del hombre.

Propongo una parte de lo dicho por Carrón y el texto de Pavese.

-Ésta es “la anorexia de lo humano” que está en el origen de la confusión, del desconcierto, de la incertidumbre en que a menudo nos encontramos viviendo en estos tiempos, en que nos vemos fluctuar, arrastrados como una piedra, llevados por las opiniones, los estados de ánimo, sin poder aferrarnos a algo real presente, sin podernos interesar verdaderamente por algo. Esta anorexia no se resuelve aumentando los discursos, sino educando la razón a abrirse al “lenguaje del ser”.

Qué significa esta apertura al ser lo documenta bien un episodio de la vida de don Giussani, que siempre me ha llamado la atención. Escribiendo a Angelo Majo, dice aquello que ve en quien le es amigo: «Hace algunas noches, pensando – escribe – he descubierto que el único amigo mío eres tú». ¿Y por qué lo considera amigo? «Porque esa vibración inefable y total de mi ser delante de las cosas o de las personas no logro captarla sino en tu modo de reaccionar.” Entre las tantas cosas a las que podía mirar para identificar quién era su amigo ¿cuál indica? Una vez más nos desconcierta: no una inteligencia particular, no una capacidad de dominar su pensamiento, no una admirable coherencia ética, sino la vibración inefable y total delante del Ser, que el descubre en el modo de reaccionar del amigo. Entonces se entiende por qué la raíz de la cuestión es que nosotros – como nos dice él – hacemos fatiga, no estamos acostumbrados a mirar como presencia una hoja presente, no estamos acostumbrados a reconocer, a fijar como presencia las cosas presentes. No es que uno niegue la presencia de las cosas. Simplemente la da por descontado. Esto se ve en el hecho que no existe ni siquiera un momento de asombro. No que hayamos hecho algo mal, simplemente no hemos sorprendido al Ser vibrando en nosotros. Todos sabemos hasta que punto puede llegar a ser insoportable la vida cuando se vuelve tan pobre de asombro. Se entiende entonces, la urgencia de que nos acostumbremos a fijar como presencia a las cosas presentes, de manera que podamos ver vibrar nuestro yo, cualquiera que sea la circunstancia.-

Diálogos con Leucó